FASE 1 — LA DONCELLA · Sitio oficial de MC-WORLD
MC-WORLDEL ORIGEN
← Wiki

BIBLIOTECA DE MC-WORLD

Prólogo

Tomo 09 · Biblioteca del jugador

Descargar tomo ↓
Escenario de MC-WORLD
MC-WORLD · El Origen

1.1. Prólogo

La oscuridad se extendía más allá de cuanto la mirada pudiera alcanzar.

No existía horizonte. No había cielo ni tierra, tampoco estrellas que iluminaran aquella nada. Solamente un silencio tan profundo que parecía anterior al propio tiempo.

En medio de aquella inmensidad, una pequeña llama comenzó a arder. Su resplandor azulado se extendió lentamente por el vacío, como el primer latido de una estrella recién nacida.

Alrededor de aquella luz flotaba una estructura geométrica de extraordinaria complejidad. Sus formas se entrelazaban formando seis caras, cada una marcada por un sello.

Era el Cubo de Metatrón.

Y aquella luz que permanecía cautiva en su interior era conocida como la Llama Eterna.

Frente a él, una mujer contemplaba la escena con una mezcla de asombro e incredulidad. Su cuerpo permanecía inmóvil, mientras sus ojos recorrían cada una de las formas del Cubo. Lentamente, extendió una mano, pero se detuvo antes de tocarlo.

1.2. —El Cubo de Metatrón…

Su voz apenas consiguió romper el silencio.

—Pero… ¿cómo? ¿Acaso realmente ocurrió lo que creo?

De pronto, una oleada de recuerdos atravesó su mente. El sonido de las olas golpeando la costa. Una tormenta. Una mano que se extendía hacia ella. Un automóvil. La imagen de un santo. Una fotografía familiar. Las luces de un escenario. Rostros, voces y lugares aparecían y desaparecían antes de que pudiera comprenderlos. Hasta que una luz cegadora lo envolvió todo.

Entonces, entre aquellos recuerdos, escuchó una voz.

—El Cubo te ha elegido. Estás destinada a convertirte en la Reina de la Paz.

Ana reconoció aquella voz. Era la misma que había escuchado antes de llegar a ese lugar. El santo. San Dionisio. Pero ¿por qué había sido elegida? ¿Qué había ocurrido realmente?

Volvió su mirada hacia el Cubo.

—Un símbolo que ha pasado de un portador a otro. Un legado que ha trascendido el tiempo y que ahora… ha llegado hasta mis manos.

Bajó ligeramente la mirada.

—Pero ¿por qué a mí?

Una sonrisa melancólica apareció en su rostro.

—Quizá algún día el santo me dé las respuestas.

Contempló nuevamente aquel objeto. Sabía que antes de ella alguien más había ocupado ese lugar. Alguien que también había tenido que enfrentarse a un nuevo comienzo.

—Yo fui la siguiente elegida —murmuró—. La destinada a portar el Cubo de Metatrón. La prometida a convertirme en la Reina de la Paz.

La Llama Eterna continuaba ardiendo en su interior. Su luz azulada atravesaba las formas geométricas que la mantenían cautiva. Cada una de las seis caras del Cubo contenía un sello, y cada sello respondía a una llave diferente.

Ana observó aquellas marcas con detenimiento. Entonces comprendió que su legado no consistía únicamente en portar el Cubo. También debía custodiar sus llaves.

—La Llama Eterna aún permanece encendida… Y mientras su luz continúe brillando, nuestro legado seguirá adelante.

Acercó lentamente sus manos. Las seis llaves comenzaron a manifestarse ante ella, suspendidas alrededor del Cubo. Sus formas eran distintas, pero todas parecían responder a una misma voluntad.

Ana las contempló durante unos instantes. Después, levantó la mirada y pronunció sus primeras palabras como portadora del Cubo.

—Con estas llaves te libero e inicio mi historia.

El resplandor azulado comenzó a intensificarse.

—Llama Eterna, sé mi antorcha e ilumina esta encrucijada.

Las formas del Cubo comenzaron a girar.

—Llaves del destino, abran las puertas, sea cual sea mi camino.

Una tras otra, las llaves respondieron a su llamado.

Los seis sellos comenzaron a resquebrajarse. Finas líneas de luz atravesaron sus superficies hasta que, finalmente, se rompieron. El Cubo se abrió.

La Llama Eterna ardió sin las barreras que la habían mantenido cautiva. Su luz se extendió por la inmensidad, iluminando el vacío que rodeaba a Ana. Sin embargo, la llama no se alejó. Permaneció suspendida frente a ella, como si aguardara el momento de emprender su propio camino.

El Cubo, ahora vacío, regresó lentamente a las manos de su nueva portadora. Y las seis llaves permanecieron bajo su custodia.

Entonces, un profundo sonido resonó en la oscuridad. Frente a Ana comenzó a levantarse un enorme arco de piedra. Sus columnas emergieron lentamente de la nada hasta formar una estructura monumental. En su centro apareció una puerta cerrada. Sobre ella se encontraba tallada una luna nueva.

Ana observó el símbolo y, casi instintivamente, tomó la Llave de la Unión. Al introducirla en la cerradura, un mecanismo antiguo comenzó a despertar. La puerta se abrió. Y detrás de ella apareció un mundo.

—Algún día llegará el siguiente portador —susurró Ana mientras contemplaba el umbral—. Pero antes de que eso ocurra… debo escribir mi propia historia.

Al atravesar la puerta, una brisa fría acarició su rostro. Ante sus ojos se extendían las ruinas de un mundo helado. Antiguas construcciones permanecían inmóviles bajo el hielo. Los caminos habían sido abandonados y la vegetación apenas conseguía abrirse paso entre los restos de lo que alguna vez existió.

Ana comenzó a caminar. El silencio le resultaba familiar. Los paisajes. La brisa. El mar. Había algo en aquel lugar que despertaba recuerdos que prefería mantener en silencio. Por un instante, se detuvo. Contempló el horizonte y cerró los ojos. El pasado seguía allí, aunque hubiese intentado dejarlo atrás. Había cosas que el tiempo no podía borrar y ausencias que ninguna promesa conseguiría llenar. Sin embargo, no podía permitir que aquellos recuerdos determinaran todo cuanto estaba por venir.

—Las ruinas de este mundo deberán cambiar.

Abrió los ojos.

—Donde hoy solamente existe dolor, algún día habrá amor. Donde hoy permanecen los restos de lo que fue, construiremos aquello que todavía no ha podido ser.

Continuó caminando entre los pastizales.

—Pero… ¿quiénes nos ayudarán?

El viento recorrió la llanura. Ana guardó silencio antes de responder a su propia pregunta.

—Hoy serán los celestiales. Mañana, los mortales. Y en el futuro… los inferiores. Tres destinos. Tres caminos. Tres posibilidades que algún día podrían encontrarse.

Contempló aquel mundo que esperaba una nueva oportunidad.

—¿Quiénes marcarán la historia? ¿Quiénes decidirán el rumbo de este mundo? ¿Quiénes serán recordados cuando todo haya terminado?

Las preguntas quedaron suspendidas en el aire. Todavía no existían respuestas.

Frente a Ana comenzó a manifestarse un libro. Sus cubiertas parecían antiguas, pero sus páginas permanecían completamente vacías. La Metatrona lo sostuvo entre sus manos y lo abrió con curiosidad. No había una sola palabra escrita aún, ni imagen alguna, solamente páginas en blanco. Era un lienzo en blanco, dispuesto a recibir las historias que aún estaban por escribirse.

—Un mundo que desconoce la muerte —murmuró mientras pasaba lentamente una página—. Un mundo marcado por el destino y, sin embargo, un mundo cuya historia todavía no ha sido escrita.

Observó el papel vacío.

Durante unos instantes, imaginó los innumerables relatos que algún día podrían ocupar aquellas páginas. Historias de héroes, de sacrificios, de encuentros y despedidas, de sueños que llegarían a cumplirse y promesas que quizá

terminarían por romperse. ¿Quiénes serían sus protagonistas? ¿Qué decisiones tomarían? ¿Serían capaces de construir algo que sobreviviera incluso a su propia existencia?

Ana levantó la mirada, como si sus palabras estuvieran destinadas a alguien que aún no había llegado.

—Dime… ¿qué escribirás tú en tu Libro de las Sombras? ¿Qué historia deseas contar? ¿Quién deseas ser cuando llegue el momento de tomar tus propias decisiones?

Sus dedos acariciaron suavemente las páginas.

—Y, sobre todo… ¿con quiénes deseas compartir tu amor?

Una sonrisa cálida apareció en su rostro.

Entonces, a lo lejos, distinguió dos figuras. Una de ellas pertenecía a alguien que siempre había ocupado un lugar en su corazón. Benjamín. Su esposo. Y junto a él se encontraba una pequeña niña.

Ana permaneció inmóvil. Durante un instante, temió que aquellas figuras fueran solamente otro recuerdo, una imagen nacida de sus deseos o una ilusión que desaparecería en cuanto intentara acercarse. Pero seguían allí.

Benjamín sostenía la mano de la pequeña, quien contemplaba con curiosidad el paisaje que se extendía a su alrededor.

Ana sintió que el corazón se le estremecía. Había imaginado tantas veces aquel momento que ahora, al tenerlo frente a sus ojos, no sabía qué hacer. ¿Sería aquello el paraíso? ¿Acaso había llegado finalmente a ese cielo del que tantas veces había escuchado hablar? No lo sabía.

Pero si el paraíso significaba reencontrarse con aquellos a quienes amaba, entonces no necesitaba ninguna otra explicación.

Quiso pronunciar sus nombres, correr hacia ellos y abrazarlos. Quiso preguntarles tantas cosas que ninguna palabra parecía suficiente. Sin embargo,

solamente pudo sonreír. Allí estaban, frente a ella. Aquel nuevo mundo les ofrecía una oportunidad que alguna vez habían creído imposible.

Ana cerró lentamente el libro.

—No puedo prometerles que todo será sencillo —dijo con suavidad—. Ni siquiera puedo asegurarles que todas nuestras decisiones serán correctas.

Contempló nuevamente a su familia.

1.3. —Pero quizá eso sea lo maravilloso de comenzar una nueva historia…

Una lágrima recorrió discretamente su mejilla.

—No saber todavía cómo terminará.

En aquel momento, una luz azulada comenzó a extenderse sobre el horizonte. Ana levantó la mirada. La Llama Eterna, liberada de los sellos del Cubo, había comenzado a ascender hacia el firmamento. Su resplandor aumentaba a cada instante. Aquella pequeña llama que había iluminado el vacío se expandió hasta adquirir la apariencia de una estrella. Su luz atravesó las montañas, recorrió los valles y alcanzó las costas del mundo helado.

La claridad comenzó a revelar los paisajes que hasta entonces habían permanecido en el hielo. La nieve empezó a derretirse, desapareciendo poco a poco. La nueva creación despertó. Y Ana, llena de amor, contempló con serenidad el nacimiento del universo.

Lentamente, la Llama Eterna ocupó su lugar en el cielo. Ahora brillaba como un astro joven. El primer Sol de aquel mundo. Por primera vez, la luz de un nuevo día iluminó aquellas tierras. Las ruinas dejaron de permanecer ocultas entre los ecos del pasado. Los campos recibieron el resplandor del amanecer y el mar reflejó los primeros destellos de aquella estrella.

El mundo seguía siendo el mismo, pero algo había cambiado. Ahora conocía la luz.

—Este es el comienzo de nuestra familia.

El viento acarició suavemente su rostro.

—Este es el inicio de todo.

Una sonrisa iluminó su expresión.

—Este es el inicio de MC-World.

Un nuevo día había comenzado.

Ana contempló aquel primer amanecer con serenidad. La Llama Eterna brillaba sobre el horizonte, mientras las últimas extensiones de hielo comenzaban a ceder ante su calor.

Había llegado el momento de comenzar una nueva historia, pero existía una verdad que deseaba recordar.

Una verdad que acompañaría a aquel mundo desde su nacimiento hasta el último de sus días.

«La oscuridad fue el inicio… y la oscuridad será el final».

MC-WORLD · LA DONCELLA